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El regreso de Bachelet

SANTIAGO – La arrolladora victoria de Michelle Bachelet en las recientes elecciones presidenciales de Chile representa un mandato que muchos dirigentes políticos habrían de envidiar por fuerza, pero su regreso a la presidencia se produce con una salvedad decisiva: una abstención sin precedentes pone en tela de juicio la afirmación hecha por algunos miembros de su coalición de que los votantes quieren un profundo cambio y el abandono de las políticas pro mercado que han hecho de Chile la democracia más estable y lograda de Latinoamérica.

En 2010, Bachelet concluyó su primer mandado como presidenta con una aprobación del 80 por ciento. Sus políticas económicas fiscalmente responsables, combinadas con una atención centrada en gran medida en programas sociales de mitigación de la pobreza, permitió a su gobierno capear la crisis financiera mundial de 2008. Aun así, después de veinte años en el poder, su coalición izquierdista de la Concertación fue derrotada en las elecciones presidenciales de aquel año por el candidato de centro derecha, Sebastián Piñera.

Ahora, después un solo mandato de un gobierno de Piñera, económicamente logrado, pero impopular, los chilenos han devuelto a Bachelet al poder. Además de ser la primera Presidenta de Chile, Bachelet es el primer Presidente desde 1938 que ha sido reelegido para un segundo mandato y su margen de victoria –62 por ciento frente a 38 por ciento– sobre la candidata de centro derecha, Evelyn Matthei, carece también de precedentes, pero la elevada tasa de abstención en estas elecciones, las primeras con registro automático de los votantes y sin votación obligatoria, significa también que Bachelet pasará a ser Presidenta con menos votos que cualquier otro de sus predecesores desde el restablecimiento de la democracia en 1990.

Bachelet no disfrutará de una luna de miel. Durante la campaña presidencial, como candidata de la coalición Nueva Mayoría –la antigua Concertación, más el Partido Comunista y otros pequeños grupos izquierdistas– formuló compromisos concretos que contribuyeron a aumentar las esperanzas de sus partidarios. Aunque el probable que el programa del Gobierno sea menos ambicioso y matice muchas de las promesas de su campaña, las clases pobres y de medias bajas, su principal base electoral, esperan que se apresure, por ejemplo, a poner fin a las enseñanzas primaria y secundaria con ánimo de lucro y a ofrecer enseñanza superior universal y gratuita.