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Sin socio en el Pakistán

Nueva York – El Presidente George W. Bush consideró con razón las recientes elecciones nacionales y provinciales del Pakistán “una victoria para [su] pueblo”, pero, en el preciso momento en que pronunciaba esas palabras, su gobierno estaba actuando entre bastidores para subvertir la voluntad del pueblo del Pakistán al intentar dictar la composición de su próxima coalición de gobierno y apoyar al mayor perdedor de las elecciones, el Presidente Pervez Musharraf. Bush se está entregando a un juego peligroso, que entraña el riesgo de deteriorar el proceso político del Pakistán, en pro de su legado histórico.

Millones de pakistaníes lanzaron un mensaje claro en las urnas. Votaron colectivamente contra Musharraf y los extremistas religiosos y a favor de la democracia, el Estado de derecho y la gestión idónea de los asuntos públicos.

Ningún partido recibió una mayoría a escala de la nación, pero la oposición democrática y centrista obtuvo más del 70 por ciento de los escaños de la Asamblea Nacional. La facción del Partido Liga Musulmana (PML-Q) aliada con Musharraf ocupó el tercer puesto con sólo el 15 por ciento, pese a contar con la ayuda del fraude electoral. La mayoría de sus dirigentes principales fueron derrotados en sus circunscripciones… incluido uno que llevaba 26 años sin perder una elección. El PML-Q, creado en 1999 por los servicios de inteligencia del Pakistán, es una mercancía política inservible.

Una alianza entre los dos partidos mayores, el Partido Popular del Pakistán (PPP) de la difunta Benazir Bhutto y la facción de la Liga Musulmana de Nawaz Sharif (PML-N), es lo que el país necesita y lo que la mayoría de los pakistaníes quiere. El PPP y el PML-N tienen el número de votos necesario para formar un gobierno de unidad. También comprenden que tal vez sea ésta su última oportunidad para “salvar” al Pakistán.