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Estamos en guerra

PARÍS – Desde los ataques terroristas de enero contra el semanario satírico Charlie Hebdo y un supermercado kosher, los parisinos sabían que la barbarie acechaba a la vuelta de la esquina y que volvería a golpear. Pero una cosa es saber algo, anticiparlo, y otra enfrentarse a la triste realidad. En la noche del viernes, la realidad nos golpeó con toda su fuerza. Estamos en guerra. Sería erróneo (incluso peligroso) no admitirlo. Y para ganar, se necesitarán claridad, unidad y firmeza.

Lo que más necesitamos en este momento es claridad para el análisis. Apenas conocemos a nuestro enemigo, excepto por la intensidad de su odio y la profundidad de su crueldad. Para comprender su estrategia, debemos reconocerlo tal cual es: un adversario inteligente y, a su manera, racional. Lo hemos despreciado y subestimado demasiado tiempo. Es urgente cambiar el rumbo.

En las últimas semanas, la estrategia de terror de Estado Islámico llevó la muerte a las calles de Ankara, Beirut y París, y a los cielos del Sinaí. La identidad de las víctimas no deja dudas sobre el mensaje. “Kurdos, rusos, shiítas libaneses, franceses: ustedes nos atacan, nosotros los matamos”.

El momento en que se producen los ataques es tan revelador como la nacionalidad de sus blancos. Cuantas más derrotas sufre Estado Islámico en el terreno y más pierde el control del territorio en Siria e Irak, mayor su tentación de exteriorizar la guerra para disuadir futuras intervenciones. Por ejemplo, los ataques sincronizados en París coincidieron con la pérdida para Estado Islámico de la ciudad iraquí de Sinjar.