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El último club de caballeros

LONDRES – ¿Está comenzando finalmente a resquebrajarse uno de los últimos bastiones de la desigualdad de género en las democracias ricas? En las últimas semanas, se nombró a Janet Yellen como la primera presidenta de la Junta de la Reserva Federal de EE.UU. y Karnit Flug se convirtió en la primera mujer en ser Gobernadora del banco central de Israel. Si el dinero es poder, no se debe seguir excluyendo a las mujeres de las entidades que lo controlan.

Si bien en 17 países emergentes, como Malasia, Rusia, Argentina, Sudáfrica, Lesotho y Botswana, hay mujeres que encabezan bancos centrales, son más bien excepciones a la regla general que las excluye del mundo de la toma de decisiones de políticas monetarias.

El nombramiento de Yellen es particularmente importante, porque rompe una barrera invisible de las economías avanzadas. Hasta su ascenso, en ningún miembro del G-7 había una mujer presidiendo un banco central.

Lo que es más, los 23 puestos del Consejo Directivo del Banco Central Europeo (BCE) están ocupados por hombres. Desde la creación en 1997 del Comité de Políticas Monetarias del Banco de Inglaterra, se ha designado a solo tres mujeres como miembros externos, y ninguna ha sido ni siquiera nominada desde 2002. Solo una mujer forma parte del Consejo de Políticas del Banco de Japón.