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Palestina en la encrucijada

En el tan esperado discurso del presidente George W. Bush sobre el Medio Oriente se mezclaron las esperanzas para ambas partes con un lenguaje extremadamente duro. Las esperanzas fueron claras: Israel merece seguridad y vivir sin miedo de los atentados suicidas y otros actos terroristas; Palestina merece dignidad, el fin de la ocupación israelí, soberanía y la calidad de Estado.

Sin embargo, la dureza fue exclusivamente para el liderazgo palestino actual: sin mencionar a Yasser Arafat por nombre, Bush claramente hizo un llamado para establecer un nuevo liderazgo palestino, uno que "no esté comprometido con el terrorismo". Sostuvo que el liderazgo actual no ha luchado contra el terrorismo, sino que lo ha promovido e incluso ha "traficado" con él. Condenó el rechazo por parte de la Autoridad Palestina a las ofertas de paz de Israel y prometió apoyo de los EU para obtener la calidad de Estado si los palestinos cambian a su liderazgo, y reiteró que "un Estado palestino no se alcanzará mediante el terrorismo".

Es difícil imaginar una condena más dura en contra de Arafat y de todo el liderazgo palestino. Bush está sugiriendo claramente que Arafat no es un interlocutor para la paz, que los acuerdos de Oslo están efectivamente muertos y, en consecuencia, la Autoridad Palestina creada en ellos ya no existe. Al adoptar esta política, Bush está transitando por una precaria senda entre la presión árabe por el apoyo para el surgimiento de un Estado palestino y su propio compromiso de luchar en contra del terrorismo y no premiar a quienes realizan atentados suicidas.

El discurso fue una mezcla magistral de la zanahoria y el palo. No obstante, ahora Bush se enfrenta a dos retos (uno considerable y el otro no tanto) para llevar a cabo su política. El reto principal es cómo se cumplirá la exigencia del cambio en el liderazgo palestino. Una característica crucial de la sociedad palestina es la debilidad de sus instituciones: las organizaciones cívicas están en un estado lamentable de subdesarrollo, y no existen estructuras de partido con capacidad de respuesta que puedan representar efectivamente los intereses sociales, a excepción de los de las milicias armadas, como Fatah o Hamas. Como resultado, las elecciones en Palestina actualmente significan lo mismo que en la antigua Unión Soviética.