La guerra de todos contra todos en el Pakistán

La alianza en la lucha contra el terrorismo entre el Presidente del Pakistán general Pervez Musharraf y los Estados Unidos es fundamental no sólo para este país, sino también para aquél, nación de mayoría musulmana cuyo tejido social están desgarrando la militancia y la anarquía. Pero, ¿resultará contraproducente en última estancia una actitud centrada exclusivamente en el poder militar?

La Comisión de Derechos Humanos del Pakistán, tal vez el organismo defensor de los derechos humanos más creíble del país, sostiene que, si bien "en los próximos años hay que erradicar la violencia ahora arraigada en la sociedad", esa tarea "representa dificultades mayores que las de apresar, detener y torturar a aquellos que las autoridades consideran militantes".

Al oponerse al modo como se está haciendo la guerra contra Al-Qaeda y los talibanes, muchos de los miembros de la minúscula clase media del Pakistán se encuentran alineados junto con personas a las que aborrecen: extremistas cuya deformada religiosidad viola la versión tolerante del Islam predominante en esa región. De modo que muchos miembros de los sectores urbanos en ascenso se encuentran presos en un dilema: cómo conciliar las aspiraciones a un estilo de vida mejor, simbolizada por los Estados Unidos, con su desagrado cada vez mayor de las políticas estadounidenses.

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