Probar en las carreteras los automóviles sin conductor

ANN ARBOR – Es el 15 de junio de 2030 y para Sam y Sue de Ann Arbor (Michigan), va a ser un día muy ajetreado. Su hija Sophia tiene un combate de karate a las nueve de la mañana. Al mediodía comenzará la ceremonia de graduación en la enseñanza secundaria de su hermana mayor, Sally, y a las tres de la tarde la casa debe estar lista para la fiesta de graduación de esta última.

A las 8.40, Sam utiliza una aplicación de un teléfono inteligente para encargar un viaje a Maghicle, servicio de movilidad de Ann Arbor, que cuenta con vehículos robóticos autoconducidos. Al cabo de unos minutos, Sam, Sue y Sophia se dirigen al club de karate. Por el camino, Sophia contempla vídeos de combates anteriores de su oponente, mientras Sue va repasando los mensajes electrónicos recibidos y Sam encarga aperitivos y flores para la fiesta. Llegan al club a tiempo y a continuación el robot recoge a otro cliente en un lugar cercano.

Sally, que debe llegar al instituto a las 10.30, ya ha solicitado un vehiculo a Maghicle. Cuando monta en él a las 10.15, recibe un mensaje de texto de su mejor amiga, Amanda, que quiere acompañarla en el vehículo. Sally introduce la dirección de Amanda en la aplicación de Maghicle y el robot elige el trayecto mejor.

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