8

Dejando atrás el crecimiento lento

WASHINGTON, DC – La mayoría de los economistas hoy son pesimistas respecto de las perspectivas de crecimiento de la economía mundial. El Banco Mundial, una vez más, ha reducido sus proyecciones a mediano plazo, mientras que economistas de todo el mundo advierten que estamos frente a una "nueva normalidad" de crecimiento más lento. Donde el consenso es menor -al menos en apariencia- es en lo que concierne a explicar esta flaqueza. 

Hace casi tres años, el ex secretario del Tesoro norteamericano Larry Summers revivió la hipótesis del "estancamiento secular" de Alvin Hansen, al destacar las limitaciones del lado de la demanda. Por el contrario, en el libro de Robert Gordon Ascenso y caída del crecimiento americano, de por sí cautivador y erudito, el foco está en los factores de largo plazo del lado de la oferta -en particular, la naturaleza de la innovación-. Thomas Piketty, en su best-seller El capital en el siglo XXI, describe el crecimiento de la desigualdad que resulta de un bajo crecimiento del PIB. El libro Reescribiendo las reglas de la economía estadounidense: una agenda para el crecimiento y la prosperidad compartida de Joseph E. Stiglitz responsabiliza a las elecciones políticas tanto por la desaceleración del crecimiento como por la creciente desigualdad.

Estas consideraciones difieren en énfasis, pero no son contradictorias. Por el contrario, si bien Summers, Gordon, Piketty y Stiglitz examinan la cuestión desde una perspectiva diferente, sus ideas son complementarias -y hasta se refuerzan mutuamente.

El argumento keynesiano de Summers es que el problema reside en un déficit crónico de demanda agregada: la inversión deseada va a la saga de los ahorros deseados, inclusive con tasas de interés nominales cercanas a cero que resultan en una trampa de liquidez crónica. Las tasas de interés de corto plazo próximas a cero -o inclusive mínimamente negativas- de hoy no implican que las tasas de más largo plazo, que son más relevantes para el finamiento de la inversión, también hayan llegado a cero. Pero la curva de rendimiento en las principales economías avanzadas es muy plana, y las tasas reales y nominales de más largo plazo están en mínimos históricos.