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Cómo cambiar las opiniones de la gente sobre la ciencia

PARÍS – En algunos temas, la mayoría de los científicos están de acuerdo, pero grandes segmentos del público siguen sin convencerse, lo que causa brechas de consenso. Por desgracia, muchas de las brechas más importantes de la actualidad tienen que ver con la sostenibilidad.

Por ejemplo, existe un firme y prolongado consenso científico sobre la realidad del cambio climático y sus causas. Sin embargo, hace una década solo la mitad de los estadounidenses creían que la actividad humana lo causaba (y un tercio sigue dudándolo). De manera similar, la abrumadora mayoría de científicos, junto con grupos de expertos, concuerdan en que es seguro consumir alimentos modificados genéticamente (MG), y que estos pueden desempeñar un papel importante para ayudar a alimentar al planeta, al tiempo que se reducen las emisiones de dióxido de carbono. Pero en la mayoría de los países, grandes cantidades de ciudadanos creen que los alimentos MG dañan a los consumidores y al medio ambiente.

Es más, la mayoría de los expertos –incluido en Panel Intergubernamental de Las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático- cree que la energía nuclear debería ser parte de la reducción de las emisiones globales de gases con efecto invernadero. Sin embargo, en muchos países gran parte de la población ve la energía nuclear como peligrosa e incluso contaminante.

Estas brechas de consenso son preocupantes no solo porque llevan a acciones individuales de alto coste social que generan grandes cantidades de CO2, sino también porque la opinión pública influye sobre la determinación de políticas. Alemania cerró cerca de la mitad de su capacidad nuclear en respuesta a la presión pública tras el accidente de Fukushima Daiichi en 2011 en Japón. Pero esa decisión provocó indirectamente miles de muertes por polución del aire, ya que la producción nuclear perdida se reemplazó con plantas alimentadas con carbón.

Sin embargo, en la mayoría de los casos la gente acepta sin problemas el consenso científico, suponiendo que están conscientes de ello: pocos cuestionan que el agua es H2O o que la luz está formada por fotones, por ejemplo. Para comprender por qué existen brechas de consenso en algunos dominios y cómo podemos cerrarlas, tenemos que considerar la sicología de la comunicación, o cómo decidimos en qué creer y en quién confiar.

Cuando evaluamos un mensaje, primero lo comparamos con nuestra opinión preexistente: si se da un conflicto, tendemos a rechazar el mensaje. En el caso de la información científica, la gente no puede recurrir a su experiencia personal, pero sí tiene intuiciones. Por desgracia, la mayoría de las teorías científicas son contraintuitivas; por ejemplo, mi intuición me dice que el sol gira alrededor de la tierra, que es plana. De manera similar, muchos encuentran intuitivamente implausible que los pequeños seres humanos puedan afectar el clima del planeta Tierra, tienen una reacción negativa instintiva ante alimentos modificados de maneras poco naturales, y sienten un temor aprendido a la energía nuclear, probablemente debido a su vínculo con las armas nucleares.

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En consecuencia, no es de sorprender el que muchos resultados científicos en estos campos solo se filtren lentamente al público, especialmente si hay grupos de interés que aprovechan el carácter contraintuitivo de los hallazgos para montar una resistencia organizada.

Pero rechazar los mensajes que no se adecuen a nuestras intuiciones es solo una reacción inicial que se puede superar en las condiciones correctas. Para comenzar, la gente presta atención a una variedad de indicios al decidir el nivel de confianza para la fuente de un mensaje dado y, por fortuna, sigue confiando en los científicos. Como resultado, cuando se le informa que en un ámbito determinado existe un consenso científico, tiende a ajustar sus opiniones en la dirección del consenso.

Aun así, ¿por qué no se acepta el consenso, así, sin más? ¿Cómo puede ser que haya gente que cree estar más cerca de lo cierto en un tema científico que miles de expertos que han dedicado sus vidas a estudiarlo?

Lamentablemente, todos tenemos la tendencia a creer que entendemos las cosas mejor que en la realidad. Muchos piensan conocer cómo funciona la descarga de un inodoro, pero cuando se les pide que lo expliquen se dan cuenta de que su nivel de comprensión es más bien limitado. Y, sin embargo, incluso si pocos pueden afirmar que conocen con exactitud cómo funciona un reactor nuclear o cómo se producen los alimentos MG, seguimos tendiendo a sobreestimar nuestros conocimientos y a restar importancia a la brecha de conocimientos entre nosotros y los científicos. Si se les enseñan los mecanismos (por ejemplo, cómo funciona el cambio climático o cuál es la tecnología de producción de alimentos MG), aumenta su respeto por el consenso científico.

Pero la mejor manera de cambiar las opiniones de la gente es la argumentación respetuosa. Cuando se les dice a quienes se oponen a los alimentos MG que los científicos piensan que son perfectamente seguros para el consumo, probablemente cuestionarán la credibilidad de esa información, por ejemplo, preguntando cuántos estudios existen sobre el tema o si los científicos involucrados tienen conflictos de intereses. En tanto no se dé respuesta a estas preguntas, no habrá mucho margen para que cambien de parecer.

En un festival científico celebrado en Francia en 2018, los investigadores Sacha Altay y Camille Lakhlifi intentaron abordar en grupos pequeños el consenso científico acerca de la comida modificada genéticamente. En debates que duraban media hora como máximo, vieron varios contraargumentos y crearon cambios sustanciales de los puntos de vista, a través de los que la opinión promedio de los participantes sobre los alimentos MG pasó desde la oposición al apoyo tentativo.

Los consensos científicos de formación reciente no ganan la aceptación del público automáticamente ni de inmediato. Esto no quiere decir que la gente sea testaruda, sino más bien que se les debe dar buenas razones para cambiar de opinión. Los científicos, los educadores y otras figuras públicas debemos comunicar el consenso, explicar los mecanismos básicos y, con paciencia y dominio del tema, hablar con la gente y responder sus últimos recelos. No podemos esperar superar las brechas de consensos si renunciamos al discurso razonado.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

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