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Nuestro futuro sumido en las deudas

TILBURG, HOLANDA – Los años 1980 representaron la década en la que se suponía que la inflación elevada estaba condenada al basurero de la historia, mientras que los años 1990 estaban asociados con la llamada nueva economía. El gobernador Mervyn King del Banco de Inglaterra alguna vez la llamó la década NICE –acrónimo de No Inflation, Continuing Expansion– (N.d.T.: NICE significa AGRADABLE en español y el acrónimo se traduce como Inflación Cero, Expansión Continua). Esta década fue un momento en que la economía alcanzó la tierra prometida del crecimiento alto y la estabilidad de precios.

La década siguiente resultó ser un período, primero, de guerra contra el terrorismo y, luego, de la peor crisis financiera y económica en casi un siglo –un momento en el que prácticamente todas las economías desarrolladas experimentaron una recesión larga y profunda.

La guerra contra el terrorismo sigue desenfrenada. Pero, debido a la crisis financiera y económica, la década actual será recordada como la década de la deuda pública, y en algunos países o regiones, tal vez incluso la década del descarrilamiento fiscal permanente si no se hace algo al respecto. En la Unión Europea, por ejemplo, la deuda pública en los principales países de la eurozona y de la UE aumentaría a 100% del PBI o más en los próximos diez años solamente.  

Por supuesto, algo se hará, pero muy probablemente no sea suficiente. Hacer lo suficiente exigiría reducir los déficits presupuestarios anuales en 0,5% del PBI todos los años durante la próxima década sólo para mejorar la sustentabilidad de la deuda gubernamental en promedio. Ese efecto, sin embargo, tiene que venir acompañado de la eliminación del actual estímulo fiscal que todos los países han implementado.