Osama bin Laden, poeta del terror

PRINCETON – En Riyadh en marzo pasado, el rey Abdullah de Arabia Saudita condecoró al vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, con la Orden del Mérito del Reino. Este gesto generó cientos de comentarios en Internet de árabes que condenaban el premio como una traición y lamentaban el lamentable estado del liderazgo en el mundo árabe. Para citar sólo un comentario, dirigido al rey: “Debería darle vergüenza decir que es el custodio de los Dos Santuarios Sagrados” en La Meca y Medina.

Al mismo tiempo, Osama bin Laden difundió dos declaraciones en audio condenando los ataques occidentales e israelíes a los musulmanes y reiterando la necesidad de una acción violenta para liberar los territorios musulmanes ocupados de manos de los infieles.

En términos de estrategia mediática, el contraste entre los líderes de los países árabes y Bin Laden no podría ser más extremo. Por un lado, los reyes y presidentes árabes carecen de carisma, parecen políticamente impotentes y rara vez, o tal vez nunca, están en sintonía con respecto a las “grandes cuestiones” que preocupan a los pueblos de Oriente Medio.

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