David McNew/ Getty Images

Los gais en la línea de combate

PARÍS – El asesinato en masa en Orlando, Florida, el fin de semana pasado cobró hasta el momento las vidas de 50 personas (incluida la del asesino) y dejó a otras 50 heridas (algunas, de gravedad). También planteó al menos tres preguntas que debemos responder.

En primer lugar, está la cuestión del fácil acceso a las armas de guerra en la mayor parte de los Estados Unidos. Se estima que en EE. UU. circulan varios millones de rifles semiautomáticos AR-15 (el tipo usado en la matanza de Orlando y por los soldados estadounidenses en las guerras de Afganistán e Iraq). En la mayoría de los estados de EE. UU., los requisitos para adquirir uno son: tener al menos 18 años de edad (3 por debajo de la edad para poder beber alcohol) y no contar con antecedentes criminales ni manifestaciones obvias de enfermedad mental.

La mayoría de los estadounidenses considera que la posesión de esas armas es un derecho básico, definido y codificado por la Segunda Enmienda a la constitución de ese país. De hecho, los estadounidenses —que han escuchado durante décadas a Charlton Heston, Wayne LaPierre y otros líderes de la todopoderosa Asociación Nacional del Rifle decir que no hay mejor manera de protegerse a uno mismo y a la familia— poseen ahora más de 300 millones de armas de fuego.

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