Nazi flags in Berlin, Germany

¿Goebbels ganó?

PARÍS – En la Alemania de los años 1930, los líderes del partido nazi entendieron el poder que tenía la comunicación masiva para diseminar el odio y el antisemitismo. "La propaganda", escribió Hitler, "es un arma verdaderamente terrible en manos de un experto". En su ascenso al poder, los nazis pusieron en práctica tecnologías de comunicaciones modernas y sofisticadas, incluidos la radio y el cine, para ganar la batalla de las ideas -y así forjar la opinión y el comportamiento públicos- entre una población bien educada en una democracia incipiente.

Los nazis ya no están pero la propaganda perdura, y su potencial es más letal que nunca. Ahora que se conmemora el 71 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau, el 27 de enero, grupos extremistas en todo el mundo hacen uso de nuevas tecnologías para incitar al odio y perpetrar nuevos asesinatos y genocidios masivos. Es por esa razón que la UNESCO ha decidido basar el Día Internacional de Conmemoración de este año en el tema De las palabras al genocidio: la propaganda antisemita y el Holocausto. En esta ocasión, la UNESCO y el Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto (USHMM) están aunando fuerzas para presentar en la sede de la UNESCO la exhibición Estado de engaño: el poder de la propaganda nazi. 

A comienzos de los años 1930, una época de profunda crisis económica, muchos alemanes estaban dispuestos a pasar por alto el antisemitismo de los nazis, porque se sentían atraídos por otros aspectos del mensaje del partido. Los nazis lo sabían: en el período previo a las elecciones de 1932, el partido se basó en el campo emergente de la investigación de la opinión pública para sondear las necesidades, esperanzas y miedos de los obreros y los trabajadores de cuello blanco, la clase media, las mujeres, los agricultores y los jóvenes. Los propagandistas nazis, en conformidad, le bajaron el tono a la retórica antisemita y presentaron al partido como la única fuerza política capaz de crear empleos y llevar alimentos a las mesas alemanas. De la misma manera, convencieron a las mujeres que acababan de ganar el derecho al voto cuando se retrataron como los defensores de la femineidad y la familia alemana tradicional.

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