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El asunto de los negocios es más que un negocio

BERKELEY – En fecha anterior de este año, Robert Symons, de la Escuela de Administración de Empresas de Harvard, lanzó una acusación despiadada a las empresas y escuelas de administración de empresas americanas. Sostuvo que las empresas americanas se habían vuelto faltas de juicio e incapaces de centrarse y habían dejado de ser competitivas, en parte porque las escuelas de administración de empresas estaban convenciéndolas para que adoptaran una larga lista de valores nebulosos y halagadores de su buena conciencia, como, por ejemplo, la responsabilidad social, la sostenibilidad medioambiental y la lucha contra la exclusión.

Reavivando una famosa andanada de Milton Friedman en 1970, Simons sostuvo que la única misión de una empresa es la de “competir y vencer”. También Friedman mantuvo que todo lo que no fuera ganar dinero era una distracción.

Es difícil negar la atractiva simplicidad de ese argumento. ¿Quién negaría que las empresas tienen el claro deber de obtener beneficios para sus accionistas o que la mayoría de éstos invierten primordialmente para ganar dinero y no para mejorar el mundo? ¿Por qué hacerlo más complicado?

Porque lo es.