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Poner fin al horror sirio

RIYADH – Ninguna cuestión en el mundo hoy tiene una importancia inmediata mayor que la necesidad de poner fin a la guerra civil en Siria. Los últimos dos años y medio han sido un desastre para la paz, la estabilidad y nuestra sensación de humanidad común. Imágenes angustiantes de una violencia indescriptible e indiscriminada contra civiles han sacudido al mundo. De acuerdo con las últimas estimaciones de las Naciones Unidas, más de 100.000 sirios, entre ellos muchos niños, han perdido la vida como resultado del comportamiento criminal del régimen de Bashar al-Assad.

Hoy hay más de dos millones de refugiados sirios en los países vecinos y más de cuatro millones de personas desplazadas dentro de Siria. Con el asesinato de manifestantes pacíficos, el bombardeo de barrios residenciales, la ejecución de soldados que se niegan a dispararles a sus compatriotas y el uso de armas químicas, surgió el panorama de un régimen que sistemáticamente desafía los patrones morales y legales internacionales más elementales.

A menos que al mundo le guste ver cómo sigue la carnicería, es necesario poner fin al régimen sirio y sus instrumentos de opresión. La aceptación vergonzosa por parte de la comunidad internacional de la impunidad de Assad y sus esbirros es un manchón en la conciencia del mundo. El titubeo de los líderes occidentales y el respaldo insensible, cínico y desenfadado de Rusia y China a Assad es un estigma con el que cargarán para siempre. El respaldo de Irán al régimen no es ni más ni menos que un crimen de guerra.

La farsa actual de un control internacional del arsenal químico de Assad sería graciosa si no fuera tan abiertamente pérfida. Si bien le ha permitido al presidente estadounidense, Barack Obama, recular en su amenaza de una intervención militar en respuesta al uso de armas químicas por parte del régimen, también le ha permitido a Assad seguir asesinando a su pueblo. Es absurdo creer que el comentario "informal" del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, sobre destruir el arsenal de armas químicas de Siria no fue otra cosa que una apertura bien coreografiada para que Rusia haga su juego diplomático, permitiéndole así a Estados Unidos quedar libre de culpa.