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Sobre la censura en Hong Kong

En los elegantes centros comerciales de Hong Kong no se oye la marcha de botas militares, pero hay un claro aroma de totalitarismo en el ambiente. Las frases que lo delatan están en boca de todos: se habla sobre la necesidad de leyes en contra de la subversión, de control sobre la prensa, de un liderazgo fuerte, de ajustarse a la nueva realidad de Hong Kong. Todos miran hacia el gran vecino del Norte en busca de orientación y murmuran acerca de las ventajas.

La mayor parte del mundo perdió interés en Hong Kong cuando el "Anschluss" con China no trajo inmediatamente grandes cambios. Sin embargo, a lo largo de los dos últimos años, el ritmo de la integración con la República Popular de China se ha acelerado decididamente.

La vida en el South China Morning Post , el principal periódico en inglés de Hong Kong, y por lo tanto un barómetro político visible, es un reflejo de lo que está sucediendo en todas las instituciones de la isla. El panorama en el periódico comenzó a oscurecerse notablemente al tiempo que se apagaban, uno a uno, sus principales faros editoriales.

Sería una exageración comparar la situación con la forma en la que los Nazis tomaron el control de las instituciones en Alemania en los treinta y la manera en la que la gente se alineó en esa época, porque nadie está desapareciendo en campos de concentración. Hong Kong sigue siendo un lugar rico y próspero. No obstante, la dictadura de Beijing ha hecho sentir su presencia, aunque sea a través de intermediarios y colaboracionistas.