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Astucia olímpica

NUEVA YORK – China se esforzó mucho y durante mucho tiempo para lograr ser anfitrión de los Juegos Olímpicos de este verano boreal, y miles de chinos literalmente bailaron en las calles cuando se tomó la decisión de otorgarle los juegos a Beijing. Esta iba a ser una posibilidad para los chinos de demostrarle al mundo cuán lejos habían llegado ellos y su país.

No sé si existe un equivalente mandarín para “ten cuidado con lo que deseas”, pero si existe, seguramente se aplica en este caso. China está recibiendo una gran dosis de atención internacional, pero no la atención que buscaba. Por el contrario, China se encuentra bajo un intenso escrutinio internacional que pone la mirada en todo desde su política hacia el Tíbet, derechos humanos y seguridad de productos hasta el nivel de su moneda, su política en Sudán y el cambio climático global. Lo que estaba pensando para ser un momento de celebración se convirtió en uno de crítica.

De hecho, es probable que varios líderes mundiales prominentes, entre ellos el primer ministro británico, Gordon Brown, la canciller alemana, Angela Merkel, y el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, no asistan a las ceremonias de inauguración. Varios políticos norteamericanos de renombre han manifestado su apoyo por un boicot. Y todavía hay jefes de Estado, como el presidente francés Sarkozy, que están evaluando mantenerse al margen.

Por supuesto, China merece ser blanco de críticas en muchas áreas de su política interna y exterior. Pero desairar a China es un error. Esta actitud ignora lo que el país ha logrado y corre el riesgo de generar consecuencias que son inconsistentes con lo que los propios críticos quieren ver.