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Las opciones limitadas de Ollanta Humala

BUENOS AIRES – El gran interrogante en América Latina hoy es éste: ¿el recientemente electo presidente de Perú, Ollanta Humala, orientará a su país hacia Hugo Chávez de Venezuela y sus aliados radicales? ¿O elegirá el camino que tomaron el ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva y otros políticos moderados de la región?

El propio discurso ambiguo de Humala no sirve de mucha guía. De modo que la dirección que piensa tomar debe interpretarse a partir de sus acciones, y es poco probable que éstas sean definitivas en el corto plazo. La situación nacional e internacional de Perú, sin embargo, servirá de marco para sus principales decisiones.

Humala no es un político novato que llega a la victoria en base a carisma y suerte. En la elección presidencial de junio de 2006, obtuvo el 45,5% de los votos -no los suficientes como para derrotar a Alan García, pero bastantes como para demostrar hasta dónde había calado en las esperanzas y la confianza de muchos peruanos-. Al mismo tiempo, el populismo parecía una fuerza irrefrenable en América Latina. Alimentado por un boom petrolero y por un gigantesco gasto social, Chávez volaba alto, bendecido y respaldado por el envejecido pero todavía activo Fidel Castro.

La influencia de Chávez era fuerte en toda la región. Su apoyo fue una influencia decisiva en la elección del presidente Evo Morales de Bolivia en 2006, y al año siguiente respaldó a Daniel Ortega en Nicaragua y a Rafael Correa en Ecuador, aunque su impacto en estas victorias se discute acaloradamente.