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El derecho a la alimentación

NUEVA YORK – Los sistemas de alimentación se han vuelto globales. Los alimentos promedio de un estadounidense recorren ahora una distancia de 2,400 kilómetros para llegar del campo a la mesa. Como la cadena alimentaria se ha transformado, los esfuerzos para garantizar el acceso general a ella se han intensificado, en los que el “derecho a la alimentación” es un motor importante de cambio de abajo hacia arriba.

En septiembre, India adoptó una ley histórica de seguridad alimentaria que garantiza cinco kilogramos mensuales de trigo, arroz y otros productos alimenticios subsidiados a dos tercios de la población, e incrementa el apoyo a mujeres embarazadas, niños escolarizados y personas mayores. Sin duda, hay numerosas lagunas en el sistema, pero hacer del acceso a los alimentos un derecho jurídico es un paso importante en la dirección correcta.

Dicho progreso, que se extiende más allá de India, ocurre después de una década de activismo global que ha desafiado como nunca antes la lógica de los sistemas de alimentos actuales. Desde que se adoptó en 1948 la Declaración Universal de Derechos Humanos, se han exigido ampliamente derechos políticos como la libertad de expresión, mientras que el derecho a la alimentación se ha descuidado enormemente.

Sin duda, desde que se firmó la Declaración, una plétora de herramientas se ha introducido con el objetivo de combatir el hambre. Algunos países han abierto sus mercados a las importaciones, mientras que otros se los han cerrado. Muchos se hicieron dependientes de la ayuda alimentaria, y otros actuaban bajo la convicción de que erradicar el hambre era meramente una cuestión de estimular el crecimiento del PIB. Sin embargo, dichos esfuerzos han tenido un éxito limitado.