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La hipocresía de las monedas petroleras

CAMBRIDGE – ¿Tiene sentido que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Hank Paulson, esté de gira por Oriente Medio respaldando la paridad cambiaria con el dólar en la región mientras la administración Bush, simultáneamente, maldice a los países asiáticos por no permitir que sus monedas se aprecien más rápido frente al dólar? Desafortunadamente, esta inconsistencia evidente surge de la continua vulnerabilidad económica y financiera de Estados Unidos y no es tanto el reflejo de alguna lógica económica apremiante. En lugar de promover la paridad cambiaria con el dólar, como hace Paulson, Estados Unidos debería estar respaldando los esfuerzos de bambalinas que realiza el Fondo Monetario Internacional para promover una desvinculación de las monedas petroleras y el dólar.

Quizá la administración Bush tema que, si los países petroleros abandonan el estándar del dólar, la debilidad del dólar de hoy se convertiría en una derrota. Pero Estados Unidos debería estar mucho más preocupado por promover un ajuste más rápido de su déficit comercial todavía creciente, que en muchos sentidos es el origen de la reciente crisis de las hipotecas de alto riesgo. El esfuerzo polifacético de la administración por demorarles el dolor a los consumidores norteamericanos, que incluye una política monetaria y fiscal extremadamente laxa, no hace más que amenazar con una crisis mayor en un futuro no tan distante. No es difícil imaginar que toda la estrategia se vuelva en contra a principios de 2009, poco después de que asuma el próximo presidente norteamericano

Por supuesto, un fortalecimiento de las monedas petroleras (no sólo en los estados del Golfo, sino también en otros países de Oriente Medio y Rusia) no revertiría la balanza comercial de Estados Unidos de la noche a la mañana. Pero sí es cierto que los países petroleros representan una porción importante de los excedentes comerciales del mundo, y un dólar más débil de alguna manera ayudaría a promover las exportaciones norteamericanas, incluso en el corto plazo.

Más importante aún, es imperativo que las políticas norteamericanas sean consistentes en todas las regiones. ¿Cómo puede el Tesoro de Estados Unidos, por un lado, coquetear periódicamente con catalogar a China como “un manipulador de la moneda” y, por otro lado, condonar una estrategia similar en los países exportadores de petróleo?