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Que les corten la cabeza

WASHINGTON, DC – Por fin parece que la administración Obama está considerando medidas decisivas contra la élite bancaria estadounidense. Tras el reciente revés electoral en Massachussets, las propuestas del ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, para reducir el poder de mercado de los bancos, se están desempolvando.

Hasta ahora ha sido una historia muy diferente –en esencia, una victoria para los banqueros más grandes desde la primavera de 2009, cuando a algunos de los más saludables se les permitió empezar a pagar los fondos que habían obtenido del Programa de ayuda para activos problemáticos (TARP) de la Tesorería estadounidense. Ello a su vez les permitió evitar incluso las muy débiles condiciones especiales que el gobierno había establecido en relación con las bonificaciones y remuneraciones.

En el momento crítico de la crisis y del rescate -de septiembre de 2008 hasta principios de 2009- las administraciones Bush y Obama titubearon. No se pensó seriamente en despedir a los banqueros, que habían contribuido a provocar la crisis, o en desmembrar sus bancos.

Normalmente, si una industria sufre una crisis, se espera una reestructuración seria. Incluso si hay algo de mala suerte mezclada con una incompetencia evidente, la premisa general es que, si una empresa requiere que el gobierno la rescate, es necesario sustituir a los directivos. Durante muchos años, la Tesorería de los Estados Unidos ha defendido esos principios— tanto directamente, como mediante su influencia en el Fondo Monetario Internacional—cuando otros países han tenido dificultades.