De Primates y Hombres

Una diferencia de apenas 1% en ADN separa a los humanos de nuestros parientes más cercanos con vida, los chimpancés. Según el "Great Ape Project", puesto que las diferencias entre los humanos y otros primates mayores (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes) son tan pequeñas, los primates deberían compartir los derechos humanos básicos. El Proyecto busca que las Naciones Unidas adopten una declaración de los derechos de los primates no humanos que impediría realizar investigación con ellos. Los partidarios del Great Ape Project señalan la similitud psicológica entre los simios y nosotros: los primates no humanos, dicen, tienen conciencia de sí mismos. Como consecuencia de esta conciencia de sí mismos, los primates mayores deben sufrir en cautiverio de forma similar a lo que nosotros viviríamos en el encierro. Este no es un debate abstracto. Sólo en Estados Unidos hay cerca de 1,600 chimpancés en los que se realiza investigación biomédica y que son parte central para el estudio de diversos males. Quizá el ejemplo más importante son los padecimientos del hígado. La investigación con chimpancés permitió el descubrimiento de la vacuna contra la hepatitis B. Cerca de la mitad de la población global está en alto riesgo de contraer este virus. Los chimpancés también han sido cruciales para el estudio de la hepatitis C. Pero la hepatitis es sólo el inicio de la lista. El SIDA es otro ejemplo, pues los chimpancés son la única especie que puede ser infectada con el VIH. Estos simios también ayudan a los científicos en la lucha contra otros problemas de salud, incluyendo la encefalitis espongiforme ("mal de las vacas locas"), la malaria, la fibrosis quística y el enfisema. Puesto que están cerca de nosotros, los primates no humanos son adecuados para el estudio de varias enfermedades que son fuente de sufrimiento humano. Sin embargo, ¿esta similitud hace que la experimentación biomédica sea difícil de justificar éticamente? Una razón para pensar eso es la idea de que las mentes de los primates no humanos son similares a las nuestras porque a algunos de estos animales se les ha enseñado el lenguaje de señas. Pero treinta años de investigación sobre las habilidades de los chimpancés y los bonobos para comunicarse con señas ha resultado en pocos ejemplos decisivos de nada cercano al lenguaje humano. En todos estos estudios, el vocabulario de los animales se desarrolló lentamente y nunca excedió un par de cientos de señas (alrededor de dos semanas de trabajo para un niño saludable de dos años de edad). Las expreciones de los chimpancés en rara ocasión se extienden más allá de una o dos señas, haciendo difícil la discusión de gramática o sintáxis. Los reportes más recientes que sugieren que los primates pueden utilizar la gramática son los de un bonobo llamado Kanzi, cuyas habilidades lingüísticas se dice que exceden las vistas en estudios de lenguaje de señas realizados previamente con chimpancés. Un test crítico de la comprensión de Kanzi de la estructura de las frases era pedirle que respondiera a una instrucción como "¿podrías por favor levantar la pajilla?" Sin duda, Kanzi levanta la pajilla. Pero aunque la gramática haya expresado el significado correcto de la frase, las circunstancias también pueden haber hecho que la acción solicitada fuera obvia (considerando que Kanzi sabe a lo que las palabras
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