Salman with Obama Bloomberg/Getty Images

Obama en Arabia

PRINCETON – La visita a Arabia Saudita del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, esta semana, para asistir a la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo, se produce en uno de los peores momentos de la relación entre ambos países. Aun así, por más negativa que sea la imagen que la mayoría de los estadounidenses tienen de Arabia Saudita, esta sigue siendo un importante aliado regional. Sería bueno que Obama encarrile la relación bilateral.

Arabia Saudita, origen de uno de cada nueve barriles de petróleo que se consumen en el mundo, no solo es un elemento clave de la economía global, sino que la estabilidad de su gobierno es crucial para el orden internacional. Si la dinastía de los Saud se cayera y el país se fragmentara en territorios rivales gobernados por facciones yihadistas y tribus, las guerras civiles en Siria y Libia parecerían conflictos menores en comparación.

El derrumbe del estado saudita se extendería en poco tiempo a los países vecinos del Golfo, dando curso a una implosión regional con consecuencias humanitarias inimaginables. Estados Unidos se vería obligado a implicarse militarmente en la región, aunque solo sea para proteger los suministros de gas y petróleo de los que depende la economía global.

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