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Un hombre sin un plan

NEW HAVEN– Durante la reciente campaña para las elecciones presidenciales, las encuestas de la opinión pública mostraron constantemente que la economía –y, en particular, el empleo– era la preocupación número un de los votantes. El opositor republicano, Mitt Romney, intentó capitalizar esa cuestión, al afirmar: “Los planes del Presidente no han dado resultado: no tiene un plan para poner en marcha la economía”.

No obstante, Barack Obama fue reelegido. Puede que el resultado refleje la ligera mejora de la economía en el momento de las elecciones (como ocurrió cuando Franklin Roosevelt derrotó al republicano Alf Landon en 1936, pese a la continua Gran Depresión), pero la victoria de Obama podría ser también un testimonio de la comprensión básica de los votantes sobre la realidad económica.

La teoría económica no brinda una prescripción inequívoca a las autoridades. La opinión profesional en materia de macroeconomía está, como siempre, sumida en la confusión. Como los experimentos controlados para poner a prueba las prescripciones sobre políticas son imposibles, nunca dispondremos de una prueba definitiva sobre las medidas macroeconómicas.

Tampoco Romney tenía una cura milagrosa, pero intentó aprovechar el sesgo de los votantes en pro de la ilusión, con sus promesas de reducción del tamaño de la Administración y de los tipos impositivos. Eso daría resultado, si fuera cierto que la forma mejor de conseguir la recuperación económica fuese dejar más dinero en la mesa para los individuos, pero el electorado no sucumbió a la ilusión.