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El Nuevo Orden Mundial de Obama

A medida que el mundo digiere el reciente e histórico discurso del Presidente Barack Obama en El Cairo, una conclusión es clara: será necesario más que un discurso para que haya una reconciliación entre Estados Unidos y el mundo islámico, tras años de desconfianza y hostilidad. En todo caso, este fue un comienzo significativo.

Hay una segunda conclusión que hacer, menos evidente pero aún más importante: las ambiciones de Obama no se limitan a cortar de raíz el terrorismo islámico, o incluso hacer que haya paz en el Oriente Próximo. Se extienden nada menos que a un completo redimensionamiento del orden mundial.

La radical apertura de Obama hacia el mundo islámico fue apenas la última de una serie de acciones de acercamiento de este notable presidente estadounidense. Es posible que la crisis económica haya obligado a una nueva reaproximación de EE.UU. con China (la potencia “emergente” que ahora ha surgido como la gran ganadora del descalabro financiero mundial). Pero ninguna circunstancia de este tipo exigió la iniciativa de "restablecer" las relaciones con Rusia, los viajes para hacer las paces con América Latina y Turquía, o los esfuerzos por dialogar con Irán. Todos ellos son productos de una política deliberada.

El momento unilateral ha pasado. Por algunos años, Estados Unidos ha tenido sus el estatus de superpotencia, y no le sirvió mucho, ni tampoco al mundo. Ahora, ante nuestros ojos, Obama está reposicionando a los Estados Unidos como el centro de una red de relaciones bilaterales: la relación económica "G-2" con China, la relación nuclear con Rusia, y ahora la búsqueda de una relación de respeto mutuo y cooperación con el mundo musulmán. Como en un diagrama de Venn, Obama está colocando a EE.UU. en ese punto central donde se superponen todas las diferentes elipses. Primera entre pares, y una nación indispensable.