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La destrucción de otro Buda

Nueva York—En 2001, el mundo presenció con horror la destrucción de las monumentales estatuas de Buda en Bamiyan, Afganistán por parte las fuerzas talibanes. Los líderes políticos y culturales de todo el mundo condenaron los ataques. Los ofrecimientos de ayuda no faltaron. Todos se preguntaban: ¿el mundo estará preparado cuando vuelva a suceder? Desafortunadamente, la respuesta es un contundente “no”.

Recientemente, militantes islamistas armados en el valle de Swat al noroeste de Pakistán atacaron una de las esculturas más importantes y de mayor antigüedad del arte budista. A la imagen del Buda sentado, que se remonta a los inicios de la era cristiana y que fue esculpida en una roca de aproximadamente 40 metros de alto, sólo la superaban en importancia  en el sur de Asia los budas de Bamiyan.

Además, este ataque fue el segundo en menos de un mes. Murtaza Razvi, del diario Dawn de Pakistán, señaló que la imagen en cuestión no estaba en un área remota. De hecho, estaba al lado del camino principal que atraviesa el valle.

A pesar de que en diversas ocasiones los arqueólogos pakistaníes solicitaron a las autoridades locales que protegieran al Buda sentado y otros sitios, especialmente después del primer ataque, éstas no hicieron nada al respecto. De hecho, los militantes pudieron realizar su tarea –taladrar hoyos en la piedra, llenarlos de explosivos y hacerlos explotar- a plena luz del día.