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Obama encadenado

NUEVA YORK – Resulta difícil para los observadores internacionales de Estados Unidos entender la parálisis política que aqueja al país, y que amenaza seriamente la capacidad de Estados Unidos de resolver sus problemas internos y contribuir a la solución de los problemas internacionales. La crisis de gobernancia de Estados Unidos es la peor de la historia moderna. Es más, probablemente empeore en los próximos años.

Las dificultades que está teniendo el presidente Barack Obama a la hora de sancionar su programa básico, ya sea en atención sanitaria, cambio climático o reforma financiera, son difíciles de entender a primera vista. Después de todo, personalmente es popular, y su Partido Demócrata cuenta con mayorías abrumadoras en ambas cámaras del Congreso. Sin embargo, su agenda está estancada y las divisiones ideológicas del país se están volviendo cada más profundas.

Entre los demócratas, la tasa de aprobación de Obama a principios de noviembre era del 84%, comparado con apenas el 18% entre los republicanos. El 58% de los demócratas creía que el país estaba encaminado en la dirección correcta, comparado con el 9% de los republicanos. Sólo el 18% de los demócratas respaldaban el envío de 40.000 tropas adicionales a Afganistán, mientras que el 57% de los republicanos respaldaba un mayor envío de tropas. De hecho, una mayoría importante de los demócratas, el 60%, estaba a favor de una reducción de las tropas en Afganistán, comparado con apenas el 26% de los republicanos. En todas estas cuestiones, un grupo intermedio de independientes (ni demócratas ni republicanos) estaba dividido de manera más pareja.

Parte de la causa de estas enormes divergencias de opinión es que Estados Unidos es una sociedad cada vez más polarizada. Las divisiones políticas se han ampliado entre los ricos y los pobres, entre los grupos étnicos (blancos no hispanos versus norteamericanos negros e hispanos), en todas las afiliaciones religiosas, entre nativos e inmigrantes y a lo largo de otras líneas divisorias sociales. La política norteamericana se ha vuelto venenosa a medida que empezó a cundir la idea, especialmente en la elocuente extrema derecha, de que la política gubernamental es una lucha de "suma cero" entre los diferentes grupos sociales y la política.