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Obama sabe perfectamente lo que debe hacer

NUEVA YORK – El Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha sido muy criticado por su actitud ante los cambios revolucionarios en el norte de África y en Oriente Medio. En realidad, no los ha abordado demasiado, al menos en público.

Ése es precisamente el problema de los guerreros de salón que contemplan el desarrollo de los acontecimientos en las pantallas de sus computadoras y televisores en Washington y en Nueva York. Quieren que Obama aborde más las cosas. En lugar de adoptar una actitud prudente y dejar que los manifestantes en el Irán, Túnez, Egipto, Libia, Baréin, Yemen y otros lugares se encarguen de gritar, quieren que hable enérgicamente o, mejor aún, que envíe la fuerza Aérea de los EE.UU. para que derribe los cazas y los helicópteros de combate de Gadafi y los haga desparecer del cielo. Quieren que Obama diga a los dictadores que se vayan ahora mismo o, si no...

O, si no, ¿qué exactamente? Desde luego, el Gobierno de los EE.UU. ha mimado a demasiados dictadores brutales en el último medio siglo. Durante la Guerra Fría, los dictadores se beneficiaron de la magnanimidad americana, siempre y cuando fueran anticomunistas (“nuestros cabrones”). Se colmó de dinero y de armas a los dictadores de Oriente Medio, si se abstenían de atacar a Israel y reprimían a los islamistas. En los dos casos, esas estrechas relaciones se mantuvieron durante demasiado tiempo. En los países árabes, sólo sirvieron para enardecer al extremismo islamista.

Y, sin embargo, para iniciar una transición hacia formas de gobierno más democráticas, sirve de ayuda que se trate de un Estado satélite de los EE.UU. Durante el decenio de 1980, Corea del Sur, las Filipinas y Taiwán lograron deshacerse de sus dictadores, en parte porque dependían totalmente de las armas y el dinero de los EE.UU. Cuando la Guerra Fría tocaba a su fin, el anticomunismo por sí sólo dejó de garantizar la protección de los EE.UU. De modo que cuando los coreanos, los filipinos y los taiwaneses se levantaron contra sus gobernantes, los EE.UU., aunque con retraso, estuvieron en condiciones de decir a sus satélites militares que se retiraran. Probablemente, algo así haya ocurrido en Egipto también, de forma discreta.