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El declive de un presidente

WASHINGTON, DC – Cuando Barack Obama ganó por primera vez las elecciones presidenciales en 2008, era considerado por una amplia mayoría de la opinión pública como una figura novedosa y fascinante. Durante su segundo mandato, en 2014, su impopularidad creció y fue prácticamente abandonado por su partido, lo que en gran medida puede atribuirse a ese hecho: que las  expectativas habían superado la realidad, y, lo que es más importante, que la realidad había cambiado, y de diversas maneras. 

No puede decirse que Obama haya fracasado como presidente; por el contrario, ha logrado mucho en circunstancias extremadamente adversas. Durante sus dos primeros años en el cargo, cuando el Partido Demócrata controlaba las dos cámaras del Congreso, aplicó varias medidas para frenar la peor crisis económica desde la Gran Depresión, y logró que se aprobara la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, su emblemática ley de reforma sanitaria.

Incluso hoy en día, a pesar de la oposición de los políticos republicanos y de importantes grupos de interés, ha emprendido la tarea de dar un giro a la política energética para hacer frente al cambio climático y reducir la emisión de gases de efecto invernadero. También ha tomado medidas importantes para proteger los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales, y ha recurrido a las acciones ejecutivas, en medio de la inacción del Congreso, para limitar las restricciones a la migración familiar.

Una evaluación de su mandato no debe focalizarse sólo en Obama, sino también tener en cuenta la hostilidad sin precedentes de los republicanos. Incluso antes de que asumiera el cargo, los líderes republicanos ya conspiraban para refutar cada una de sus propuestas, de modo que no pudiera contar con el apoyo de ambos partidos. Ningún republicano votó a favor de la ley de reforma sanitaria de Obama, a pesar de estar basada en proyectos avalados por algunos funcionarios republicanos y eminentes grupos de reflexión.