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Obama e Irán

NUEVA YORK.- Hace poco en Teherán, mientras escuchaba a un funcionario iraní, sus palabras me hicieron recordar la afición del ayatola Jomeini a comparar la relación de los Estados Unidos e Irán con la de un lobo y un cordero. Sin embargo, el funcionario agregó su toque personal, “han pasado casi treinta años y nosotros ya no somos ese cordero, y tal vez los Estados Unidos tampoco sean el lobo de antes”. El funcionario quería decir que Irán ya no cree que exista la pronunciada desigualdad de antes con los Estados Unidos, y que tal vez sea hora de iniciar un diálogo.

En las últimas tres décadas, cinco presidentes estadounidenses se han esforzado por encontrar la solución al problema de Irán. Los cinco han fracasado. A medida que el Presidente electo Barack Obama y sus asesores analicen sus prioridades de política exterior, se toparán con el desafío inmediato que representa el programa nuclear de Irán y la creciente importancia estratégica de ese país en Medio Oriente y en Asia meridional.

Pronto tendrán que aceptar la realidad de que para poder velar por los intereses estadounidenses en la región, incluida la estabilización de Iraq y Afganistán, el estancamiento actual con Irán no puede continuar, y que es inevitable un mayor grado de cooperación. Si no quieren repetir los fracasos de administraciones anteriores, harán bien en hacer lo que ninguno de sus predecesores ha intentado.

Deben de tomar una decisión estratégica para hacer que Irán participe –sin condiciones previas- en conversaciones sobre una amplia gama de temas de importancia para ambas partes. Durante su campaña Obama dijo sobre Irán que “de nada nos sirve no tener conversaciones con Irán”. Ahora tiene la oportunidad de actuar.