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Las armas nucleares en zonas de conflicto civil

LOS ANGELES – El reciente golpe militar fallido en Turquía ha generado inestabilidad, paranoia y la persecución de todos aquellos de quienes se sospeche que se oponen al régimen, entre ellos muchos periodistas. Afortunadamente los sublevados no se apoderaron de algunas de las decenas de armas nucleares que existen en la Base Aérea turca de Incirlik, desde la que despegaron los aviones rebeldes. ¿Pero qué pasará la próxima vez?

Las nueve potencias nucleares mundiales plantean que no hay que preocuparse demasiado: la combinación de protección física con, en la mayoría de los casos, salvaguardas electrónicas (enlaces a acciones de permiso, o PAL, por sus siglas en inglés) implica que sus arsenales seguirían siendo seguros incluso si se almacenan o instalan en países asolados por la violencia.

Robert Peurifoy, ex ingeniero sénior de armas nucleares en los Sandia National Laboratories, no está de acuerdo. Hace poco declaró a Los Angeles Times que esos dispositivos de seguridad (cuyas versiones anteriores ayudó a diseñar) solo pueden retrasar el uso de los terroristas de las armas nucleares de las que se apoderen. “O se tienen bajo custodia, o nos tendremos que ir preparando para una nube nuclear”.

Sus declaraciones han generado justas inquietudes sobre la seguridad de las armas nucleares almacenadas en regiones no seguras. Piénsese en Pakistán, que posee el arsenal nuclear de mayor crecimiento en el mundo y sufre incesantes ataques terroristas del yihadismo y el separatismo. Ya ha habido ataques sobre instalaciones del ejército paquistaní que albergan componentes nucleares. Los temores aumentan con las nuevas “armas nucleares de batalla” móviles, más fáciles de robar.