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Objetivos nucleares

LOS ANGELES – ¿Instalaciones nucleares como objetivos militares? Los tambores de guerra parecen estar sonando cada vez más fuerte. Los líderes occidentales declaran una y otra vez que no se puede descartar ninguna opción para poner coto a las ambiciones nucleares de Irán. Y, a mediados de noviembre, el Sunday Times de Londres informó que Israel puso las defensas alrededor de su reactor nuclear de Dimona en “alerta roja” 30 veces, debido a la inquietud de que Siria pudiera vengarse del ataque realizado por este país en septiembre a un supuesto sitio nuclear sirio.

El temor de Israel refleja la particular historia de la región. Desde la Segunda Guerra Mundial, los ataques para detener actividades nucleares han ocurrido exclusivamente en el Oriente Próximo: Iraq fue atacado por Irán (1980), Israel (1981) y los Estados Unidos (1991, 2003), mientras que Iraq bombardeó a Irán (1984-87) e Israel (1991). Sin embargo, los ataques nunca generaron consecuencias radiológicas significativas, ya que las plantas estaban en construcción, contenían cantidades irrelevantes de material nuclear, se les había quitado los elementos radioactivos antes del ataque, o bien el ataque erró el blanco.

Sin embargo, un ataque exitoso a Dimona habría sido otra cosa. Entonces, considerando la amenaza de liberación de sustancias radioactivas, ¿seguir haciendo funcionar la planta vale los riesgos que hoy esto conlleva?

Dimona es única. Es la mayor planta nuclear de la región y el único productor de materiales para armas atómicas. Desde que comenzara a funcionar a mediados de los años 60, ha generado elementos para -se estima- unas 200 armas nucleares. El primer ministro de Israel, David Ben Gurion, inauguró estas instalaciones para compensar la vulnerabilidad estratégica de Israel, un ejército que estaba en ciernes y la falta de voluntad de Occidente para formar parte de una alianza formal que defendiera al estado judío.