El desarmado desarme nuclear

SINGAPUR – El paisaje de la política exterior del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, está atestado de globos desinflados. Discursos altisonantes, grandes esperanzas y grandes aspiraciones han dado resultados mínimos.

En todo el mundo islámico –desde el norte de África hasta el Iraq, el Afganistán y el Pakistán– vemos frágiles relaciones, transiciones desafortunadas, conflictos irresueltos y ataques sin paliativos a los Estados Unidos, pese a la propuesta de Obama para un nuevo comienzo, conmovedoramente expuesta en su discurso de junio de 2009 en El Cairo. Israel, sordo a los ruegos de Obama, está más alejado de la reconciliación con Palestina y más próximo a la guerra con el Irán que nunca.

Asimismo, pese a las gestiones hechas para mejorar las relaciones bilaterales más importantes de los Estados Unidos –las que mantiene con China y con Rusia– los vínculos con esos dos países se han ido tensando cada vez más, a causa –en el caso más reciente– de la intransigencia del Kremlin respecto de Siria y la conducta oficial china en el mar de la China Meridional.

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