Nuclear bomb water Dimitar Krstevski/Flickr

Aprender otra vez a querer a la bomba

WASHINGTON, DC – Lo impactante sobre las armas nucleares es que parecen haber perdido su poder de shock. Mientras que el acuerdo nuclear que se acaba de sellar con Irán en Lausana podría sugerir lo contrario y es una muy buena noticia, ese esfuerzo no debería oscurecer las malas noticias en otras partes. El impulso hacia un mundo sin armas nucleares propulsado por el discurso emblemático del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en Praga en 2009, viene tambaleando en los últimos años, y ahora entró en franco retroceso.

Cuando Rusia anexó a Crimea el año pasado, el presidente Vladimir Putin anunció su voluntad de poner las fuerzas nucleares rusas en alerta, y hasta se refirió a planes para "sorprender a Occidente con nuestros nuevos desarrollos en armas nucleares ofensivas". El mundo apenas se inmutó. Mientras tanto, China e India están aumentando a paso firme el tamaño de sus arsenales nucleares, y Pakistán lo está haciendo aún más rápido, describiendo incluso con lujo de detalle sus planes de combinar armas nucleares con armas convencionales en el campo de batalla. Una vez más, el mundo se encoge de hombros.

Por su parte, Estados Unidos planea gastar 355.000 millones de dólares en mejorar y modernizar su vasto arsenal nuclear en los próximos diez años. Lejos de avanzar hacia un desarme, la intención parece ser la de mantener y mejorar cada componente de la capacidad nuclear terrestre, marítima y aérea de Estados Unidos actualmente. Recientemente, en una conferencia de 800 especialistas nucleares que tuvo lugar en Washington en marzo, hubo más festejo que alarma cuando un general de alto rango de la Fuerza Aérea, encarnando de manera inquietante a George C. Scott en "Dr. Strangelove", ofreció una defensa agresiva de "una capacidad para no permitir que ningún adversario tenga refugio en cualquier parte del mundo".

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