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¿Empezó el tercer round de la crisis europea?

BERKELEY – La crisis del euro puede dividirse en tres componentes; dos ya fueron enfrentados con éxito (al menos parcial): la crisis bancaria producto del exceso de apalancamiento simultáneo de los sectores público y privado; y el derrumbe de la confianza en los gobiernos de la eurozona que siguió a la crisis bancaria. Pero todavía queda un tercer elemento, el más peligroso y largo de resolver: el desequilibrio estructural entre el norte y el sur de la eurozona.

Empecemos por la mejor parte: el temor a que los bancos europeos entraran en bancarrota y que la huida de los inversores provocara una Gran Depresión Europea parece haber quedado atrás. También ha comenzado a disiparse el temor a que los gobiernos de la eurozona cayeran en cesación de pagos (con las mismas consecuencias terribles), temor debido enteramente a la disfuncionalidad política de la Unión Europea.

Evitar una depresión profunda dependía de que Europa respondiera correctamente a estos dos aspectos de la crisis. Pero que el conjunto de Europa no pierda décadas de crecimiento económico todavía está por verse y depende de solucionar ese desequilibrio, para lo cual es preciso que los gobiernos del sur recuperen la competitividad rápidamente.

El proceso por el cual el sur de Europa fue perdiendo competitividad nació de las señales enviadas por los precios de mercado, es decir, de los incentivos que esas señales ofrecían a los emprendedores y de la suma macroeconómica de las respuestas que cada uno de aquellos tomaba racionalmente. Los europeos del norte que tenían dinero para invertir estaban dispuestos a prestarlo con condiciones extraordinariamente ventajosas a los europeos del sur dispuestos a gastarlo, y el volumen de gasto alcanzado en el sur de Europa antes de 2007 incentivó a los empleadores a elevar rápidamente los salarios.