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La intensificación de las guerras árabes

BEIRUT – La violencia desatada en los países árabes durante los cuatro últimos años puede haber sido tan sólo una primera prueba de lo que está por venir. Una brutalidad cada vez mayor y las acciones de los gobiernos han sometido a los ciudadanos árabes a una inmensa presión. De no haber un cambio de rumbo, el resultado podría ser fácilmente un mayor conflicto y una ola de levantamientos... esa vez ya no pacíficos.

Desde el fin de la primera guerra mundial los países árabes no habían vivido una conmoción semejante. El conflicto ha estallado en no menos de nueve países árabes y la carnicería ha alcanzado niveles inconcebibles de inhumanidad. Las tensiones van en aumento incluso en países que en teoría están en paz. Unos sistemas de valores muy antiguos están debilitándose y unos fundamentos sociales en tiempos sólidos están desplomándose.

Los combates en Siria, el Iraq, el Sudán, Libia y el Yemen han destrozado comunidades enteras. La depuración étnica perpetrada por el Estado islámico ha anulado siglos de mezclas religiosas, étnicas y culturales y ha obligado a casi dos millones de personas a abandonar sus hogares.

De hecho, aunque Oriente Medio y el norte de África tienen el cinco por ciento de la población mundial, les corresponde más de una tercera parte de sus refugiados. Tan sólo en Siria, once millones de personas se han visto desplazadas por la fuerza dentro y fuera del país.