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¿Quién acabó con el teléfono Nokia?

HELSINKI – Parece ser una ley de la industria de la tecnología que las compañías más destacadas acaben perdiendo sus posiciones, con frecuencia rápida y brutalmente. La abanderada de los teléfonos portátiles Nokia, uno de los mayores casos de éxito tecnológico de Europa, no ha sido una excepción, al perder su participación en el mercado en el plazo de pocos años. ¿Podrán los nuevos abanderados de esa industria, Apple y Google –por no hablar de los titanes de otros sectores tecnológicos–, evitar la suerte de Nokia?

En 2007, correspondió a Nokia más del 40 por ciento de las ventas de teléfonos portátiles a escala mundial, pero las preferencias de los consumidores estaban ya inclinándose por los teléfonos inteligentes con pantalla táctil. Con la introducción del iPhone de Apple a mediados de aquel año, la participación de Nokia en el mercado se redujo rápidamente y sus ingresos se desplomaron. Al final de 2013, Nokia había vendido su negocio de teléfonos a Microsoft.

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Lo que determinó la suerte de Nokia fue una serie de decisiones adoptadas por Stephen Elop en su cargo de consejero delegado, que asumió en octubre de 2010. Cada uno de los días que Elop pasó al timón de Nokia, el valor de mercado de la empresa disminuyó 18 millones de euros (23 millones de dólares), cifras a las que se debió su paso a  la Historia como uno de los peores consejeros delegados.

El mayor error de Elop fue el de elegir el teléfono Windows de Microsoft como única plataforma para los teléfonos inteligentes de Nokia. En su nota sobre la “plataforma en llamas”, Elop comparó a Nokia con un hombre situado en la torre de una plataforma petrolera marina en llamas, que afrontaba la muerte causada por las llamas o un incierto salto a un mar gélido. Tenía razón en que la continuación del negocio como hasta entonces significaba la muerte segura para Nokia; se equivocó al elegir Microsoft como balsa de salvamento de la empresa.

Pero Elop no fue la única persona que falló. El  consejo de administración de Nokia se resistió al cambio, lo que imposibilitó que la empresa se adaptara a los rápidos cambios de la industria. Lo más destacado fue que Jorma Olilla, quien había dirigido la transición de Nokia de conglomerado industrial a gigante tecnológico, estaba demasiado entusiasmado con el éxito anterior de la empresa para reconocer el cambio que hacía falta para mantener su competitividad.

La empresa se lanzó también a un programa de reducción de costos a la desesperada, incluida la eliminación de miles de puestos de trabajo, con lo que contribuyó al deterioro del ambiente en otro tiempo animoso de la empresa, que había motivado a los empleados a correr riesgos y hacer milagros. Los buenos dirigentes abandonaron la empresa y se llevaron consigo la capacidad de visión y dirección de Nokia. No es de extrañar que los más valiosos talentos de Nokia en materia de concepción y programacion se marcharan también.

Pero el mayor impedimento para la capacidad de Nokia con miras a crear el tipo de experiencias intuitivas y de fácil manejo que los aparatos de iPhones y Android ofrecían fue su negativa a renunciar a las soluciones que habían impulsado su éxito en el pasado. Por ejemplo, al comienzo la dirección de Nokia afirmó que no podía usar el sistema operativo de Android sin incluir las aplicaciones de Google en sus teléfonos, pero, justo después de su absorción por Microsoft, Nokia creó una línea de teléfonos basados en el Android llamada Nokia X, que no incluía las aplicaciones de Google, sino que usaba los mapas de Nokia y el buscador de Microsoft.

¿Por qué no eligió Nokia antes el Android? La respuesta breve es: por el dinero. Microsoft prometió pagar miles de millones de dólares para que Nokia usara el teléfono Windows exclusivamente. En vista de que Google regala sus programas de Android, no podía igualar ese ofrecimiento, pero el dinero de Microsoft no pudo salvar a Nokia; no se puede construir un ecosistema industrial sólo con dinero.

La experiencia anterior de Elop en Microsoft fue también un factor indudablemente. Al fin y al cabo, en situaciones difíciles las personas recurren a lo que les es familiar. En el caso de Elop, lo familiar resultó ser otra empresa que estaba hundiéndose. Después de enterarse de que Nokia había elegido Windows, el director de Google, Vic Gundotra, dijo en un mensaje a twitter: “Dos pavos no equivalen a un águila”.

Apple y Google no deben estar tranquilos. Como Nokia en la industria de los teléfonos portátiles –por no hablar de Microsoft e IBM en la industria de las computadoras–, algún día perderán su posición en cabeza, pero hay medidas que pueden adoptar para prolongar su éxito.

En primer lugar, las empresas deben seguir innovando para mejorar las posibilidades de que dentro de ellas surjan tecnologías rompedoras. Si quienes encabezan el mercado aplican un sistema para descubrir y aplicar ideas nuevas y crear un ambiente en el que los empleados no teman cometer errores, pueden mantenerse en la vanguardia de la industria.

En segundo lugar, las empresas más importantes deben seguir la pista a los innovadores en ascenso. En lugar de formar asociaciones con empresas más pequeñas que cuadren con su modelo de negocio, las empresas más importantes deben colaborar con empresas incipientes e inventivas con potencial rompedor.

Por último, aunque las empresas de éxito han de innovar constantemente, no deben temer imitar. Si Nokia hubiera empezado inmediatamente a crear productos conforme al modelo de iPhone y al tiempo hubiese abordado eficazmente las cuestiones conexas relativas a las patentes, el negocio de los aparatos portátiles sería muy diferente actualmente.

De la experiencia de Nokia se desprende también una enseñanza importante para los reguladores, en particular los de la Unión Europea. Intentar sofocar las tecnologías rompedoras y proteger a las empresas existentes mediante, por ejemplo, cruzadas antimonopolios, no es una opción válida. De hecho, esa actitud dañaría en última instancia al consumidor, al impedir los avances tecnológicos y eliminar la competencia de precios... como la de los aparatos para Android de Samsung, que obligaron a Apple a bajar los precios del iPhone.

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En eso radica la enseñanza más importante de la caída de Nokia. Las empresas de tecnología no pueden lograr éxitos simplemente agradando a su consejo de administración o incluso logrando acuerdos con sus socios que representen muchos millones de dólares. La empresa que satisfaga a los consumidores, sea cual fuere –ya sea una multinacional establecida o una empresa incipiente y dinámica–, vencerá. Las empresas que pierdan de vista ese principio están condenadas.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.