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Que no haya refugios seguros para el dinero sucio

PARIS – En tiempos económicos difíciles como los actuales, hay un principio que debe recibir la misma prioridad que se da a los paquetes de austeridad y los déficits altos que acaparan los titulares de los diarios. Ese principio puede describirse en pocas palabras: “Todos deben respetar las reglas.”

La crisis financiera global ha servido para mostrar que actualmente hay poca tolerancia para las personas que hacen trampa. Y desde el inicio de la crisis, los países del G-20 –con Francia (y los Estados Unidos) como fuerzas motoras– han estado presionando por una mejor regulación, gobernanza y rendición de cuentas. Que no haya refugios seguros para la evasión fiscal, ni para el lavado de dinero o el financiamiento al terrorismo y que no haya refugios seguros para la “regulación financiera permisiva.”

Estos principios son claramente los que las personas en los países desarrollados quieren que se hagan cumplir. En tiempos difíciles como estos el dinero es importante.

Para los países en desarrollo, sin embargo, hay otra dimensión de la frase “respeta las reglas.” Las personas de esos países quieren ver el fin de los refugios seguros que permiten a los funcionarios corruptos robar dinero público y esconderlo en el extranjero. Entonces, añadiríamos: que no haya refugios seguros para las ganancias por corrupción.