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Declarar una zona de exclusión aérea en Siria

WASHINGTON, DC – La reciente foto de portada del New York Times de un barco lleno de refugiados sirios, a la deriva en el Mediterráneo bajo una enorme puesta de sol, es elocuente a más no poder. El sol parece estar poniéndose sobre la misma Siria.

En palabras de David Miliband, exsecretario de asuntos exteriores de Gran Bretaña y actual presidente del Comité Internacional de Rescate, el desastre en Siria alcanzó “proporciones casi bíblicas”. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos estima que en los últimos cuatro años, casi 250 000 personas (entre ellas, más de 100 000 civiles) han muerto en forma violenta; muchas, asesinadas horrendamente por su propio gobierno. Las Naciones Unidas calculan que más de la mitad de los 22 millones de ciudadanos del país dejaron sus hogares, algo que el mundo no veía desde la Segunda Guerra Mundial. La ola creciente de enfermedad, hambre, miseria y analfabetismo (más de la mitad de los niños refugiados no asisten a la escuela) afectará de por vida a toda una generación.

Por suerte, los círculos de la política exterior estadounidense por fin parecen decididos a hacer algo para proteger al pueblo sirio. Generales, diplomáticos, funcionarios de seguridad nacional y expertos en desarrollo van camino de consensuar la adopción de una “zona segura de exclusión aérea” a lo largo de una de las fronteras de Siria.

El gobierno de Turquía ya había propuesto una medida de este tipo, a la que denominó “zona de protección”, hace cuatro años, pero las autoridades turcas nunca mostraron voluntad de convertir sus palabras en hechos (ni tampoco se las alentó en modo alguno a hacerlo). Incluso, Estados Unidos y la mayoría de los países de la OTAN se opusieron firmemente a la idea hasta hace poco.