0

Los problemas de salud de la democracia en Nigeria

¿Cuán enfermo está el presidente nigeriano Umaru Yar’Adua?  En mayo, admitió en un programa de televisión en directo que sufre de una dolencia renal, pero trató de acabar con los rumores de que se trata de una enfermedad terminal insistiendo que los temores por su salud han sido muy exagerados y que tienen motivaciones políticas. Hay muchos líderes mundiales con  una salud menos que perfecta. Sin embargo, lo que está en juego es especialmente alto en Nigeria, donde Yar’Adua encarna el delicado equilibrio político del país.

Con la caída de la dictadura nigeriana y el comienzo de la democracia en 1999, los gobernadores de las provincias del norte, de mayoría musulmana, creyeron haber llegado a un acuerdo con sus contrapartes del sur acerca de una rotación regional de la presidencia del país. En 2007, argumentando que era su turno de para escoger al mandatario, se opusieron encarnizadamente a la propuesta del entonces Presidente Olusegun Obasanjo, sureño y cristiano, de reescribir la constitución de Nigeria con la esperanza de ganar un tercer periodo. Los gobernadores del sur contraargumentaron que el norte había controlado el país mediante más de tres décadas de gobierno autoritario y que un hombre del sur debía ser investido con la presidencia durante los años venideros. Aumentaron las tensiones.

Une vez que quedó claro que su movida no funcionaría, Obasanjo encontró un punto intermedio: nombró a Yar’Adua, un gobernador norteño poco conocido y devoto musulmán, como su preferido para sucederlo. En abril de 2007 Yar’Adua ganó por arrolladora mayorías las elecciones presidenciales, las cuales fueron cuestionadas. Los observadores occidentales y africanos plantearon que el fraude generalizado ponía en duda el resultado oficial y que la Corte Suprema nigeriana debía pronunciarse sobre la legalidad de las elecciones.

Sin embargo, Yar’Adua hizo caso omiso de las acusaciones de fraude electoral, y en los primeros días de su presidencia logró elogios, tanto en casa como en el exterior, por sus promesas de enfrentar la corrupción y llegar a un acuerdo con las milicias de la región del Delta del Níger, rica en petróleo y asolada por la violencia. Al dialogar con grupos como el Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND), una de sus herramientas principales ha sido su vicepresidente, Goodluck Jonathan, nativo de esa área.