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El camino de Nigeria hacia la ruina

Con tanta fricción política en el Irán y en el Iraq, resulta fácil pasar por alto el malestar en aumento en Nigeria, que ocupa el octavo puesto mundial por la importancia de sus exportaciones de petróleo, pero los problemas políticos y sociales en aumento de ese país revelan cómo la violencia y la incertidumbre en otro importante productor de energía están expulsando a los inversores extranjeros y haciendo subir los precios mundiales del petróleo.

El Presidente de Nigeria Olusegun Obasanjo parece dispuesto a enmendar la Constitución del país para brindarle la posibilidad de un tercer mandato. Para ello, ha marginado a muchos de sus rivales políticos. El Vicepresidente Atiku Abubakar –un probable aspirante a la presidencia en 2007– ha sido acosado y aislado. Los ministros de los que se sospecha que no profesan una lealtad plena han sido marginados.

Pero los adversarios de Obasanjo se han incorporado a la batalla y el Presidente no cuenta con la mayoría de dos tercios necesaria en los parlamentos federal y de los estados para permanecer en el poder a partir del año que viene. Dos ex presidentes nigerianos, los generales Muhammadu Buhari e Ibrahim Babangida, se han opuesto públicamente a la intromisión constitucional de Obasanjo y varios gobiernos de los estados septentrionales de Nigeria, dominados por musulmanes, han dicho con claridad que quieren que Obasanjo abandone el poder cuando expire su mandato en 2007.

A consecuencia de ello, la incertidumbre en relación con los planes de Obasanjo está aumentando las tensiones regionales. Lo que está en juego es la cohesión de un Estado que, en opinión de muchos, es otro ejemplo más de nación artificial improvisada por europeos que no entendían las fuerzas sociales, tribales y religiosas de su creación.