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Las clases de francés de Nicolas Sarkozy

Francia ha elegido –y lo ha hecho con decisión. El futuro Presidente francés será Nicolas Sarkozy, electo por el 53.1% del voto popular, con una participación de 84.8%, la más alta desde 1981. Estas elecciones fueron particularmente ricas en lecciones.

Se decía que Francia era un país estancado en la apatía y cada vez más desinteresado en la política. En los últimos veinte años el número de ciudadanos empadronados había estado disminuyendo y, de ellos, el número de los que no salían a votar había estado aumentando. Entre los que sufragaban, el número de los que emitían su voto por los partidos de la extrema derecha y la extrema izquierda, es decir, por los partidos que no están capacitados para gobernar –estaba aumentando continuamente.

Todo eso cambió en las dos vueltas de las elecciones de este año. La primera lección, entonces, es que Francia se está repolitizando. Con una participación de los electores que batió todos los récords europeos, el nuevo presidente de Francia tendrá una legitimidad excepcionalmente fuerte.

Segundo, e igualmente importante, el voto extremo se está debilitando. El apoyo al Frente Nacional cuasi fascista de Jean-Marie Le Pen cayó de un 18% en 2002 a un 10% en esta ocasión, lo que representa un avance importante para la estabilización democrática. Del mismo modo, la extrema izquierda, que en conjunto postuló seis candidatos presidenciales, fue políticamente aniquilada. Solamente el candidato trotskista obtuvo más del 4% del voto, mientras que el resto –incluyendo al Partido Comunista francés, que durante más de treinta años obtuvo una proporción estable del 20% de la votación –ganó menos del 2%. Es el fin de una aventura que para nada fue buena para Francia.