Man selling T-shirts in Nicaragua Inti Ocon/Getty Images

La engañosa propuesta sandinista

SANTIAGO – En el centro de Managua, cuadra por medio se ven enormes carteles proclamando que, por la gracia de Dios, han llegado los "tiempos de victoria". Además del Señor, los promotores de esta victoria son el presidente Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, debida y grandiosamente retratados en los carteles con la mirada dirigida hacia los cielos. Su credo, según se indica en uno de ellos, es "cristianismo, socialismo y solidaridad".

Que un revolucionario socialista –quien inicialmente llegó al poder luego de derrocar al dictador Anastasio Somoza– busque legitimidad en un dios cristiano es curioso. Pero más curiosa aún es la relación que Ortega ha forjado con la comunidad empresarial. Magnates con influencia informan orgullosamente que el gobierno los consulta acerca de toda legislación económica, mientras los críticos acusan al empresariado de "colegislar" con el régimen.

Cuando hace poco el gobierno de estadounidense causó un revuelo al afirmar que el tráfico de influencias y la aplicación arbitraria de las leyes en Nicaragua estaban ahuyentando a los inversionistas extranjeros, José Adán Aguerri, presidente del Cosep, la organización empresarial de mayor importancia del país, salió en defensa del gobierno. Según afirmó, si la Embajada de Estados Unidos le entregaba una lista de las compañías extranjeras que enfrentaban obstáculos, él mismo se encargaría de que se resolvieran sus problemas.

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