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Contra toda esperanza, la esperanza del nuevo año

NUEVA YORK – Ha llegado el momento de adoptar decisiones para el nuevo año, de reflexionar. Cuando el año anterior no ha ido demasiado bien, es un momento para abrigar la esperanza de que el próximo sea mejor.

Para Europa y los Estados Unidos, el de 2010 fue un año de decepción. Ya han pasado tres años desde el estallido de la burbuja y más de dos desde el desplome de Lehman Brothers. En 2009, dimos un paso atrás al borde de la depresión y 2010 había de ser el año de transición: cuando la economía volviera a ponerse en pie, se podría disminuir suavemente el gasto en estímulo.

Se pensaba que el crecimiento podía aminorarse ligeramente en 2011, pero sería un pequeño bache en el camino a una recuperación sólida. Entonces podríamos volver la vista atrás y considerar la “gran recesión” una pesadilla; la economía de mercado, respaldada por una actuación gubernamental prudente, habría demostrado su resistencia.

En realidad, el de 2010 fue una pesadilla. Las crisis de Irlanda y Grecia pusieron en tela de juicio la viabilidad del euro e hicieron pensar en la posibilidad de una suspensión del pago de la deuda. En los dos lados del Atlántico, el desempleo siguió pertinazmente elevado, en el 10 por ciento, aproximadamente. Aunque el diez por ciento de las familias hipotecadas de los EE.UU. ya habían perdido sus viviendas, el ritmo de las ejecuciones hipotecarias parecía ir en aumento... o habría ido, de no haber sido por la maraña jurídica que inspiró dudas sobre el tan cacareado “Estado de derecho” de los Estados Unidos.