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Nacionalismo de la nueva ola

PARÍS -- ¿Podría estar el mundo a punto de entrar en un nuevo período de reordenación, similar al experimentado hace casi 20 años?

En el decenio de 1990, la caída del imperio soviético y la brutal implosión de Yugoslavia propició un aumento espectacular de Estados independientes. Para seguir los Juegos Olímpico o la Copa del Mundo, el mundo tuvo que aprender a reconocer nuevas banderas y nuevos himnos nacionales.

Ahora una nueva ola de fragmentación de identidades, que abarca a África y tal vez a Europa, puede estar acercándose. En enero, está prevista la celebración de un referéndum de independencia en el Sudán meridional. Si de verdad llega a celebrarse, caben pocas dudas de que conducirá a la creación de un nuevo Estado dentro del continente africano, el primero desde la desmembración de Etiopía en 1993. Somalia, Côte d’Ivoire e incluso Nigeria pueden dar a luz a nuevos Estados.

Durante decenios, se han denunciado las fronteras de África como obra artificial y arbitraria de funcionarios coloniales cínicos e ignorantes, lo que ha contribuido a una larga serie de rivalidades tribales, si no depuraciones étnicas, pero nadie –y, en particular, las organizaciones panafricanas– desea retocar las fronteras. Cuanto más frágil e inestable es el equilibrio, más necesario es mantener el status quo.