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La sorprendente resistencia de la Nueva Europa

KIEV - Hace dos años, cinco de los diez nuevos miembros de Europa del Este de la Unión Europea - los tres países bálticos, Hungría y Rumania - parecían devastados por la crisis financiera mundial. Se cernían sobre ellos el descontento social, enormes devaluaciones y protestas populistas.

Y luego, nada. Hoy en día, todos estos países están volviendo a la salud financiera y al crecimiento económico sin perturbaciones significativas. Ningún país ha ni siquiera cambiado su régimen de tipo de cambio. La Vieja Europa debería aprender del poco publicitado éxito de la nueva Nueva Europa.

La causa de la crisis financiera de Europa del Este fue  un ciclo estándar de auge y caída del crédito. Los países del Este atrajeron grandes flujos internacionales de capital, debido a la laxa política monetaria mundial y las fáciles condiciones comerciales. Terminó habiendo un exceso de préstamos bancarios a corto plazo, que se utilizaron para financiar un derroche de inversión inmobiliaria y consumo, al tiempo que se afianzaba la inflación.

Por otra parte, se acumularon los déficit de cuenta corriente, generando una importante deuda externa del sector privado, mientras las finanzas públicas se encontraban en buen estado de todos estos países, excepto en la Hungría gobernada por los socialistas. Esta crisis de éxito y sobrecalentamiento recordaba la del Este de Asia en 1997-1998.