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La era del desorden

NUEVA YORK – No es fácil reconocer las eras históricas antes de que terminen. El Renacimiento sólo llegó a ser el Renacimiento en retrospectiva; lo mismo puede decirse de la Edad Oscura que lo precedió, y de muchas otras eras. La razón es simple: ante cualquier acontecimiento, sea prometedor o preocupante, es imposible saber si es un hecho aislado o señal del inicio de una tendencia duradera.

Sin embargo, me atrevo a asegurar que estamos presenciando el fin de una era en la historia mundial y el comienzo de otra. Ya pasaron veinticinco años desde la caída del Muro de Berlín, que puso fin a cuarenta años de Guerra Fría. Siguió una era de predominio estadounidense, mayor prosperidad para muchos, aparición de numerosas sociedades y sistemas políticos relativamente abiertos, y difusión de la paz, incluido un importante grado de cooperación entre las principales potencias. Pero esa era terminó, y su fin preanuncia el inicio de una época mucho menos ordenada y pacífica.

Medio Oriente está en los albores de una Guerra de los Treinta Años moderna, donde las lealtades políticas y religiosas serán motor de conflictos prolongados, y a veces feroces, dentro y a través de las fronteras nacionales. Rusia, con su accionar en Ucrania y otros sitios, desafió lo que venía siendo un orden europeo mayormente estable y basado en el principio jurídico de no aceptar la toma de territorios por la fuerza militar.

Aunque la mayor parte de Asia está en paz, es una paz precaria que puede deshacerse de un momento a otro, por la gran cantidad de conflictos territoriales no resueltos, el nacionalismo creciente y la escasez de ordenamientos diplomáticos (bilaterales o regionales) capaces de prevenir o moderar enfrentamientos. Entretanto, los esfuerzos internacionales por frenar el cambio climático, promover el comercio internacional, fijar reglas nuevas para la edad digital y prevenir o contener brotes de enfermedades infecciosas han sido inadecuados.