El mito de las emisiones netas cero

BERLÍN – Las emisiones resultantes de la quema de carbón, petróleo y gas están calentando nuestro planeta a un ritmo tan rápido, que parecen casi inevitables unas condiciones climáticas cada vez más inestables y peligrosas. Es evidente que debemos reducir rápidamente las emisiones y al tiempo crear fuentes de energía substitutivas, que nos permitan dejar los combustibles fósiles en la tierra.

Ese imperativo es casi escandalosamente sencillo y, sin embargo, el cambio climático ha sido objeto de tanta inercia política, información falsa y confusión de la realidad con los sueños durante los últimos decenios, que seguimos viendo soluciones ineficaces o imposibles, en lugar de un empeño por abordar las causas profundas. Con frecuencia dichas “soluciones” están basadas en nuevas tecnologías inexistentes o arriesgadas.

Ese planteamiento es muy conveniente, porque no amenaza ni la continuidad del funcionamiento habitual ni la ortodoxia socioeconómica, pero los modelos climáticos que dependen de tecnologías imprecisas debilitan el imperativo de aplicar los profundos cambios estructurales necesarios para evitar la catástrofe climática.

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