0

Vecinos

TEL AVIV – Durante las operaciones militares en Gaza, conocidas con el nombre en código de "Plomo Fundido" (por una canción de Jánuca sobre un pequeño trompo que da vueltas -uno de los símbolos de esa celebración- hecho con plomo fundido), a los israelíes nos recordaron un hecho fundamental: Gaza no es Vietnam, Irak, Afganistán, ni siquiera el Líbano. Es una región conformada por un país común que compartimos con los palestinos. Es un país que nosotros llamamos Israel y ellos llaman Palestina.

En Gaza vive un millón y medio de personas. Son parte de un pueblo del cual otro 1,3 millón vive en Israel y otros dos millones, en Cisjordania. Los hombres y mujeres de Gaza son nuestros vecinos y con ellos hemos convivido, espalda con espalda, durante mucho tiempo, aunque estemos separados por una frontera.

Nuestros hogares y nuestras ciudades están a escasos kilómetros de distancia entre sí, nuestros campos están enfrentados a los de ellos. Los hombres de Gaza, los activistas o policías de Hamas a quienes observamos con nuestros binoculares militares, en el pasado eran los activistas y policías de Fatah.

Nacieron en Gaza o fueron empujados allí como refugiados durante la guerra de 1948, o en otras guerras. En el transcurso de los años, fueron los albañiles que construyeron nuestros hogares, lavaron platos en los restaurantes donde comíamos, eran los comerciantes a quienes les comprábamos mercadería y los trabajadores en los invernaderos de los kibbutz.