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La nueva normalidad debería ser sin efectivo

NUEVA YORK – En diciembre de 2019, el banco central sueco abandonó una política de tasas de interés negativas que había mantenido durante casi cinco años. La tasa repo (a la cual presta a los bancos comerciales) del Riksbank, que llegó a ser de -0,5% en febrero de 2016, había subido a un 0% en enero. La última alza de la tasa se hizo a pesar de que la economía sueca se está ralentizando y la inflación está por debajo del objetivo.

En el caso de una desaceleración cíclica, señala el Gobernador del Riksbank Stefan Ingves, el estímulo tendrá que venir del gasto estatal y la compra de activos por parte del banco central, dada la limitada eficacia de las tasas de interés negativas. “En realidad hay un límite inferior para las posibles tasas”, argumenta, ya que “cuesta imaginar que se pueda ir en negativo hasta, digamos, menos 5 por ciento”.

Me permito discrepar. Bien podría ser que, en un ambiente de tasas de interés bajas, la política fiscal contracíclica juegue un papel más prominente en el manejo del ciclo de negocios sin crear problemas de sostenibilidad de la deuda. Incluso así, no se ha dado a las tasas de interés negativas una justa oportunidad.

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